Este mes de febrero, más que sembrar, el huerto nos ha pedido escuchar al agua. Las lluvias continuadas han transformado la tierra en una esponja saturada y nos han recordado que cultivar también es saber dar salida al exceso.

Hoy, otro de nuestros colaboradores incondicionales de Andalhuerto, Renato Álvarez, persona experta en huertos sociales y educativos nos da algunas pautas para que podamos prevenir, en la medida de lo posible, que nuestro huerto se inunde y perdamos el trabajo de toda la temporada. Renato nos propone construir una zanja de evacuación, una pequeña obra silenciosa pero fundamental, que permite canalizar el agua sobrante y evitar encharcamientos que podrían dañar las raíces. No es una tarea vistosa, pero sí muy reveladora: en el huerto, tan importante es regar como saber dejar que el agua se vaya cuando ya ha cumplido su función.

Pasos a seguir:

1. Identificar la «Línea de Escorrentía»

Lo primero es observar por dónde corre el agua de forma natural cuando llueve fuerte. El objetivo es guiar esa agua hacia un punto de salida (una zona baja, un seto o un árbol sediento) antes de que se saturen las raíces de nuestras hortalizas.

2. Cavar la Zanja de Infiltración

  • Profundidad: cavar una zanja de 30 a 40 centímetros de profundidad (aproximadamente el largo de una pala).
  • Inclinación: es vital que la zanja tenga una ligera pendiente (un 2 % es suficiente: 2 centímetros de caída por cada metro de largo) hacia el punto de evacuación.
  • Ubicación: es conveniente hacerla en los pasillos pero que no interfiera en el tránsito normal en el manejo del huerto, nunca debajo de las plantas, para que actúe como un «imán» que absorbe el exceso de agua de los bancales laterales.

3. Rellenar con materiales naturales (efecto filtro)

En vez de poner un tubo que drene el agua hacia la calle, rellenar la zanja con distintas capas para que el agua fluya por los huecos:

  • Capa Base (Piedras): llenar el fondo (de 10 a 15 centímetros) con piedras grandes o guijarros. Esto crea un canal vacío por donde el agua corre rápidamente.
  • Capa Intermedia (Fajinas o Ramas): encima de las piedras, colocar haces de ramas largas y flexibles (pueden ser restos de poda de olivo, cítricos o cañas). Atar formando «fajinas» (manojos). Las ramas mantienen el espacio abierto y filtran la tierra.
  • Capa de Filtro (Materia Orgánica): cubrir las ramas con una capa de paja, restos de siega seca o incluso sacos de yute viejos. Esto evita que la tierra de arriba caiga entre las piedras y, después de un tiempo, tapone el drenaje.

4. Cobertura Final

Cubrir los últimos 5 o 10 centímetros con la propia tierra del huerto o con acolchado (mulch). Visualmente no se verá nada, pero bajo tus pies tendrás un río subterráneo que mantiene el huerto seco.

Ventajas de este sistema «invisible»:

  • Cero residuos: no se usan plásticos que luego se degradan en la tierra y la contaminan.
  • Fertilidad: al descomponerse las ramas (tras años), aportan carbono al suelo y mejoran sus propiedades.
  • Recarga de acuíferos: este sistema permite que el agua se infiltre lentamente en el terreno.

Si el suelo del huerto es muy arcilloso (frecuente en muchas zonas de Andalucía), puedes mejorar este sistema cavando al final de la zanja un «pozo de infiltración» lleno de piedras grandes para que el agua se acumule ahí y se absorba poco a poco.

Más medidas a tener en cuenta en este mes lluvioso:

  • Revisión de depósitos: si tienes bidones de recogida, asegúrate de que el rebosadero funciona correctamente y dirige el exceso de agua lejos de los cimientos o de zonas de cultivo sensibles.
  • Limpieza de canaletas y bajantes: revisa que los sistemas de recogida de los techos  no estén obstruidos por hojas.
  • Zanjas de infiltración: si el agua se queda estancada, utiliza una azada para marcar pequeños canales de salida hacia las zonas más bajas del huerto o bien fuera de los bancales.
  • Evita el pisoteo: si tienes que entrar al huerto, coloca tablones de madera, rasillones cerámicos, ladrillos o piedras para repartir tu peso. Pisar directamente el suelo mojado destruye su estructura y matará la vida microbiana por falta de oxígeno.
  • Vigilancia de caracoles y babosas:  en estos periodos de tantas precipitaciones seguidas es normal que puedan convertirse en un problema. Colocar trampas de cerveza, colocar refugios (ladrillos, tejas, tablones) para que se refugien durante el día retirándolos a mano.
  • Aireación selectiva: si tienes  invernaderos o túneles de plástico, es importante abrir para airear en los momentos en que deje de llover para que circule el aire y baje la humedad relativa, evitando el desarrollo de enfermedades como el mildiu o la botritis.
  • Eliminación de partes dañadas: retira hojas que estén en contacto directo con el suelo mojado o que presenten manchas amarillas/marrones para evitar que los hongos se propaguen.
  • Preparación de semilleros protegidos: es el momento ideal para sembrar en bandejas (dentro de casa o en zona cubierta) cultivos que podrán trasplantarse en un mes: tomates, pimientos, berenjenas y calabacines.
  • Mantenimiento de herramientas: limpia el barro acumulado, afilar las hojas de las azadas y engrasra las tijeras de podar. Una herramienta limpia transmite menos enfermedades.
  • Producción de extractos: si tienes posibilidad de recolectar algunas plantas como ortigas, malvas, cola de caballo, etc.  puedes empezar a preparar purines o extractos fermentados (aunque con cuidado por la humedad excesiva) para fortalecer las plantas cuando salga el sol.
  • Acolchado (Mulching): si las lluvias han lavado el acolchado que había en los bancales (paja, hojas), prepara material seco para reponerlo en cuanto deje de llover. Esto evitará que el sol forme una costra en la capa superior del suelo al secarse.
  • No abonar aún: el exceso de agua lava los nutrientes (lixiviación). Espera a que el suelo drene un poco para añadir el compost o el humus de lombriz. De lo contrario, el nitrógeno se perderá.

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