La grama crece de forma natural en algunas zonas y cuando invade nuestro huerto no siempre es fácil de controlar. A veces pensamos que para eliminarla lo mejor es arrancarla sin más, pero !CUIDADO¡, porque puede causar el efecto contrario. Aquí te damos algunos consejos y pautas de manejo para reducir su incidencia.

La grama (Cynodon dactilon)


Es una hierba adventicia cuyas raíces resisten meses de sequía y rebrotan constantemente. Puede llegar a ser muy invasiva y por ello debemos extraerla de raíz en lo posible. Para ello es necesario recurrir a la horca de cavar, una herramienta adecuada para extraer de raíz estas hierbas, en caso contrario terminarán por invadir todo el huerto. El trabajo con horca es duro, lento y precisa de la ayuda de varias personas. No obstante, puede ir haciéndose poco a poco y despejando el terreno para el cultivo progresivamente.

Buenas prácticas para un correcto manejo de la grama

La grama es una especie invasora que requiere un manejo cuidadoso para evitar su expansión. Algunas buenas prácticas que pueden aplicarse en el huerto para su control son las siguientes:

  • Nunca utilizar métodos mecánicos para su retirada. El uso de motoazadas o motocultores empeora la situación, ya que sus cuchillas trocean las raíces de la grama, extendiéndola por el terreno y multiplicando el número de plantas.
  • Se recomienda su retirada manual mediante herramientas adecuadas, como una horca de cavar, de mango simple o doble. Con ella podremos extraer poco a poco las raíces más profundas y eliminar definitivamente la planta madre, aunque en ocasiones esta puede encontrarse a profundidades de hasta 45 cm. Además, esta herramienta no voltea las capas del suelo, por lo que mantiene su estructura natural y evita enterrar la vida microbiana en profundidad, algo que sí ocurre con la maquinaria. Tampoco se recomienda el uso de herramientas de hoja, como azadas, azadones o legonas, ya que cortan y fragmentan las raíces, dejando numerosos trozos en el suelo que con el tiempo vuelven a brotar.
  • Para retirar la grama del suelo es fundamental que el terreno presente un grado de humedad adecuado. Si las precipitaciones no son suficientes, conviene regar el terreno uno o dos días antes para alcanzar el tempero o sazón adecuados. Asimismo, es importante dosificar el trabajo, ya que se trata de una tarea lenta y laboriosa. Por ello, resulta aconsejable repartirla en varios días y contar con ayuda cuando sea posible.
  • Al construir bancales permanentes (con rasillones cerámicos, bloques o vigas de madera, entre otros materiales), es importante asegurarse de que no exista grama ni en el suelo original ni en la tierra o sustrato utilizados para rellenarlos. También es recomendable colocar previamente una malla antirraíces de buena calidad sobre el terreno y, sobre ella, instalar los elementos delimitadores del bancal. De lo contrario, la grama acabará invadiéndolo en apenas uno o dos años.
  • El uso de abonos verdes contribuye a controlar y reducir la presencia de la grama y de otras hierbas adventicias. Cada cuatro o cinco años puede ser conveniente dejar de cultivar temporalmente y sembrar, durante otoño e invierno, especies que compitan con la grama, limitando su desarrollo al privarla de luz y espacio durante varios meses. Un buen ejemplo es el centeno, un cereal que, sembrado a altas densidades, resulta muy eficaz para reducir la presencia de malas hierbas. También ofrecen buenos resultados los abonos verdes compuestos por avena y veza (una leguminosa forrajera) o la facelia, una planta cuyas raíces liberan sustancias con efecto alelopático que dificultan la germinación de numerosas hierbas adventicias.
  • Independientemente de las especies elegidas, estas deben segarse antes de la floración para evitar que consuman una cantidad excesiva de nutrientes del suelo. Posteriormente, pueden incorporarse superficialmente al terreno para favorecer su descomposición y contribuir a la fertilización del suelo a medio plazo.
  • Por último, conviene no entender la escarda como una lucha contra la naturaleza. Las hierbas adventicias llevan miles de años adaptándose a los agroecosistemas y poseen una extraordinaria capacidad de supervivencia y reproducción. Por ello, resulta más apropiado hablar de «manejo» que de «lucha», adoptando una perspectiva de coexistencia que permita obtener cosechas abundantes y de calidad sin dedicar un tiempo excesivo a las labores de escarda. Esta visión cobra aún más sentido en el ámbito educativo, donde los huertos suelen ser de pequeño tamaño y están destinados a grupos numerosos de alumnado que, por lo general, solo pueden disfrutarlos durante breves periodos de tiempo cada semana o cada quincena.