Cada verano, en muchos huertos (incluso personas muy experimentadas) nos llevamos un disgusto al descubrir que nuestros tomates presentan una mancha oscura, seca y hundida en la parte inferior del fruto, la zona opuesta al pedúnculo. Es la conocida popularmente como «peseta del tomate», y técnicamente se denomina necrosis apical o podredumbre apical (Blossom-End Rot, BER). Esto ocurre en muchos huertos, incluso en aquellos gestionados por personas muy experimentadas y conocedoras de la horticultura. Y es que…

La «peseta» del tomate es un problema fisiológico, no una plaga


Conviene dejarlo claro desde el principio: no es un hongo ni una plaga, sino una fisiopatía, es decir, un trastorno del desarrollo del fruto causado por una deficiencia de calcio en el tejido. Además del tomate, afecta con frecuencia a otros cultivos de la misma familia y de hábito similar, como es el pimiento.

Por qué falta el calcio, aunque esté en el suelo


Lo más importante para entender esta alteración es que el calcio es un elemento de baja movilidad dentro de la planta, se desplaza disuelto en el agua que asciende por el xilema, y tiende a dirigirse hacia los órganos que más transpiran (normalmente las hojas) en detrimento del fruto. Por eso puede haber calcio suficiente en el suelo y, aun así, no llegar en cantidad adecuada al tomate.

Las causas que desencadenan o agravan la deficiencia suelen combinarse entre sí:

  • Riego irregular: alternar sequía y encharcamiento es la causa más habitual. Un riego insuficiente limita la absorción de calcio por la raíz; un riego excesivo asfixia y pudre el sistema radicular, con el mismo resultado.
  • Escaso desarrollo radicular: raíces poco profundas exploran menos volumen de suelo y absorben menos calcio.
  • Altas temperaturas y transpiración elevada: aceleran el reparto de calcio hacia las hojas en lugar del fruto.
  • Exceso de nitrógeno o potasio: un abonado desequilibrado favorece el crecimiento vegetativo rápido y «compite» con el calcio, dificultando su asimilación.
  • PH del suelo inadecuado (por debajo de 6,0): aunque haya calcio disponible, un suelo ácido impide que la raíz lo absorba correctamente.
  • Agotamiento o lavado del calcio del suelo, especialmente frecuente en cultivo en maceta, donde el riego arrastra el nutriente con mayor facilidad.

Cómo se manifiesta

Los síntomas que presenta esta fisiopatía son:

  • Mancha circular, inicialmente decolorada, que evoluciona a una depresión oscura y seca en el extremo inferior del fruto (a veces rodeada de un halo amarillento).
  • Puede aparecer con el fruto aún verde.
  • Hojas ligeramente curvadas hacia arriba y menor crecimiento general de la planta.
  • En casos de estrés hídrico asociado, también puede darse agrietado del fruto (cracking).


Como referencia orientativa, un fruto sano contiene entre 0,12–0,25 % de calcio, mientras que por debajo del 0,08 % aparecen los síntomas de podredumbre apical.

Prevención y tratamiento


Una vez que la mancha se ha formado, el fruto afectado no se recupera, aunque sigue siendo comestible retirando la zona dañada. Por tanto, el esfuerzo debe centrarse en la prevención:

  1. Riego constante y homogéneo. Es la medida más eficaz. Antes de regar, conviene comprobar la humedad a unos 10 cm de profundidad: si aún está húmeda, es mejor esperar. Esto obliga a la raíz a profundizar y desarrollar un sistema radicular más robusto, capaz de absorber calcio de forma más estable. El acolchado (paja, restos vegetales) ayuda a mantener la humedad constante y amortigua los picos de temperatura.
  2. Abonado equilibrado. Se recomienda evitar excesos de nitrógeno y potasio que “compitan” con el calcio, lo que significa que el exceso de estos nutrientes bloquean la absorción del calcio.
  3. Corrección del pH del suelo. Cuando sea necesario, aportar cal si el suelo es ácido; el objetivo es mantener el pH del suelo en un rango entre 6,5–7,0.
  4. Aporte de calcio al suelo. Se puede realizar utilizando compuestos de origen natural como carbonato de calcio o sulfato de calcio (yeso), fertilizantes permitidos en Agricultura Ecológica. También podemos aplicar enmiendas orgánicas (estiércol, guano o harina de sangre), de liberación más lenta pero eficaces como abono de fondo.
  5. Aplicación foliar de calcio. Ante los primeros síntomas: al ser la vía más rápida de absorción, el tratamiento foliar es la solución de urgencia más eficaz (dosis orientativa: 5 ml/l de agua cada 12 días, conforme indicación de los productos comerciales, utilizables en Agricultura Ecológica), o remedios caseros como cáscara de huevo triturada, purín de ortiga o leche diluida 1:10.
  6. Poda de despunte: algunos horticultores despuntan la planta tras el quinto ramillete para concentrar el calcio disponible en los frutos ya formados, en lugar de repartirlo con un crecimiento vegetativo continuo.

Dos matices que conviene tener en cuenta

Por último, es preciso señalar dos aspectos que añaden algo de incertidumbre a lo expuesto hasta ahora. En primer lugar, existe una variabilidad entre variedades: algunas variedades de tomate son más susceptibles a sufrir la peseta que otras, incluso en las mismas condiciones de cultivo. En segundo lugar, cabe preguntarse por qué, dentro de una misma tomatera, conviven frutos con peseta y frutos completamente sanos, cuando comparten el mismo riego, el mismo suelo y el mismo manejo.

En resumen


La peseta del tomate no se combate con fungicidas, sino con una gestión cuidadosa del riego, el abonado y el pH del suelo. La constancia, más que la cantidad, es la clave: una planta que recibe agua y calcio de forma regular y equilibrada difícilmente mostrará esta fisiopatía. Cuando los síntomas ya son visibles, la aplicación foliar de calcio permite frenar el problema en las próximas recolecciones, aunque el fruto ya dañado no tenga solución.