Hoy Antonio Bravo, un colaborador incondicional de Andalhuerto, nos adentra en el mundo de las hormigas, unos animalitos que suelen estar presentes en nuestros huertos y de los que solemos conocer poco.
¡Esperamos que os guste el artículo!
En este artículo centramos la atención en las hormigas, un grupo de insectos omnipresente en el huerto y sin embargo, frecuentemente malinterpretado.
Lejos de visiones simplistas, la propuesta es clara: detenerse, observarlas con calma y tratar de comprender su comportamiento y su papel (a veces beneficioso, otras veces más complejo de entender) dentro del equilibrio del agroecosistema. Basta con pararse unos minutos junto a un camino, un bancal o el borde de una linde para descubrir una actividad incesante que suele pasar inadvertida. Bajo nuestros pies, miles de individuos cooperan, se comunican y transforman el entorno con una eficacia asombrosa, de la que tendríamos mucho que aprender como sociedad.
Las hormigas no sólo son ingenieras del suelo y trabajadoras incansables, sino piezas fundamentales del equilibrio ecológico. Su comportamiento social, su relación con las plantas, con otros insectos y con la fertilidad del suelo, así como su enorme capacidad de adaptación, las convierten en protagonistas silenciosas de nuestros huertos.
Con frecuencia buscamos métodos rápidos y basados en la erradicación de la hormiga, cuando en realidad nos están advirtiendo con su presencia del daño de una plaga real como pulgones, cochinillas u otros diaspinos. Ponemos el foco en el daño que produce la hormiga como consecuencia, y no en la etiología del problema provocado por otro agente, como por ejemplo el producido por la relación simbiótica entre la hormiga y el pulgón de sobra conocida: donde la plaga recibe protección y la hormiga obtiene a cambio melaza, ese excedente de savia elaborada que el pulgón excreta a través de sus sifones. Sin embargo, debemos preguntarnos… por qué está incidiendo el pulgón en nuestro cultivo atrayendo a las hormigas como buenas oportunistas que son.

En este punto, conviene recordar que el uso de insecticidas contra hormigas suele provocar justo el efecto contrario al deseado, es decir, una reproducción descontrolada y la ruptura de equilibrios aún mayores. Téngase presente que la hormiga una vez se ve amenazada, envía mensajes químicos a su reina para que acelere la puesta de huevos, aumentando consecuentemente su población de forma exponencial. Por eso, en este artículo no hablaremos de venenos, ni de “repelentes milagro”: hablaremos de ecología, observación y equilibrio.
Las hormigas son un grupo clave del ecosistema, pertenecen a una única familia, Formicidae, que están presentes en todos los continentes excepto en la Antártida. Se conocen sobre unas 14.000 especies, y se estima que en el planeta existen alrededor de mil billones de hormigas, aproximadamente 120.000 por cada ser humano.
Estos pequeños insectos desempeñan funciones ecosistémicas muy diversas:
- Participando en la dispersión de semillas, algunas plantas desarrollan estructuras ricas en grasas y proteínas que recubren sus semillas (carúnculas) para atraerlas, como ocurre en Borago officinalis L,
- En otras, las hormigas pueden intervenir de forma secundaria en la polinización de nuestro huerto: como en cebollas, ajos o zanahorias, principalmente en plantas con flores de gran superficie.
- Resulta especialmente interesante su papel como reguladoras de plagas, ya que muchas especies se comportan como depredadoras generalistas, consumiendo huevos y larvas de lepidópteros potencialmente dañinos.
- Y a la vez, ellas mismas forman parte de la dieta de una amplia variedad de fauna auxiliar: arácnidos, anfibios, reptiles, lagartijas y aves, lo que las hace ser una especie clave en la cadena trófica de un agroecosistema.
- Se ha observado que, en ecosistemas cerrados, la ausencia de hormigas puede incrementar las plagas hasta en un 40 % (Calabuig, A., García-Marí, P., & Pekas, A. 2014). Su aportación positiva al agroecosistema está, por tanto, fuera de toda duda.
- Son auténticas ingenieras del suelo: construyen nidos, airean el terreno aumentando su porosidad, concentran nutrientes y materia orgánica en los alrededores de los hormigueros y contribuyen en las primeras fases de descomposición y por tanto al reciclaje.
Organización y comunicación: una sociedad compleja
Si algo me llama especialmente la atención de los fórmidos es su organización social. La mayoría de sus individuos, son obreras que renuncian a reproducirse para sostener a la colonia, a la reina y a su descendencia. Pero aún me resulta más fascinante, su sistema de comunicación, donde predomina la señal química, pero empleando también otros métodos como: la visión (movimientos corporales), tacto (antenas) y el sonido, pudiendo generar vibraciones mediante golpes sobre el sustrato o por estridulación, como si de un grillo se tratase. Esta diversidad de canales de comunicación permite también una mayor división del trabajo: existiendo hormigas agricultoras, ganaderas, tejedoras e incluso “enfermeras”.
Cuando las hormigas “incomodan”
Es en este punto donde conviene detenerse de nuevo. Cuando observamos muchas hormigas sobre nuestros cultivos y sentimos que “nos molestan”, en realidad nos están dando una información muy valiosa. Las hormigas actúan como verdaderos bioindicadores.
Un suelo con hormigas activas suele ser un suelo vivo, estructurado y resiliente, algo clave en agricultura ecológica, siendo incluso más eficaces que las lombrices en cuanto al volumen de aireación de un suelo. Al mismo tiempo, una abundancia excesiva suele indicar desequilibrios: presencia en exceso de pulgones o cochinillas, falta de diversidad vegetal (monocultivos) o un uso previo de insecticidas que ha eliminado a otros auxiliares que provocan su oportunismo. En esos casos, las hormigas no son la causa sino el síntoma.
Tras todo lo anterior, y aunque las hormigas cumplen funciones ecológicas esenciales, pueden existir situaciones concretas en las que su abundancia puede generar problemas prácticos en el huerto: protección excesiva de pulgones y en consecuencia, dificulta la acción de la fauna auxiliar, entrada en semilleros, cultivos tiernos en sus primeros estadios que son mordisqueados, etc. Mientras se identifica y corrige la causa real del desequilibrio, puede ser necesario reducir o redirigir su actividad de forma puntual, proponiendo hacerlo no desde la eliminación, sino desde la disuasión. El objetivo no es acabar con las hormigas, sino romper rutas, disminuir presión y ganar tiempo.
Aunque no me gusta dar recetas a los profesionales, me consta que es una demanda bastante habitual entre los docentes de los huertos escolares, donde la confección de remedios caseros puede enriquecer el carácter educativo del huerto. Es por ello, y sin que sirva de precedente, expongo a continuación algunos remedios que actúan principalmente por interferencia del tránsito, desecación o alteración del microambiente de la hormigas.
Remedios que deben aplicarse siempre de forma localizada, nunca de manera masiva
1_Remedios sólidos caseros
- Arroz troceado con azúcar. Sirviendo de cebo atractivo por su contenido dulce, donde las hormigas lo transportan al interior del hormiguero. Si se humedece ligeramente tras su aplicación, puede fermentar y alterar el equilibrio interno de la colonia. Nota: su eficacia es variable y nunca debe considerarse una solución estructural.
- Levadura de panadería. Aplicada en seco, por espolvoreo, en puntos de paso. Interfiere rutas más que actuar como insecticida directo.
- Talco, yeso, bicarbonato, cenizas o posos de café. Funcionan como barreras físicas y desecantes. Obligan a modificar recorridos, especialmente útiles en zonas de paso o mesas de cultivo. Lo prefiero a las tierras de diatomeas, algo más agresivas y que no sólo afectarían a las hormigas.
2_Remedios líquidos caseros
Estos preparados actúan sobre todo como repelentes, irritantes o rompedores de rutas químicas, y su efecto suele ser temporal:
- Zumo de limón, aplicado con un pulverizador en caminos de tránsito, accesos o entradas de hormigueros. Donde su acidez actúa como disuasivo y rompe las señales químicas y por tanto dificulta su comunicación con el resto de la colonia.
- Preparado de cáscara de naranja. Un par de cucharaditas de cáscara pulverizada en una botella de un litro de agua, agitada antes de usar. Puede resultar útil si se aplica en senderos, troncos, macetas o puntos de entrada, actuando como insectífugo ligero.
- Vinagre diluido (50 % agua – 50 % vinagre). Uno de los métodos más eficaces como rompedor de rutas. Se aplica sobre senderos y accesos; pudiéndose usar puntualmente sobre hormigueros superficiales.
- Agua jabonosa con menta. Mezcla de agua con jabón neutro y unas gotas de esencia de menta. Útil en rincones, superficies lisas o zonas donde no interesa persistencia de insectos. Aunque si tenemos la posibilidad… bastaría con sembrar aromáticas como la menta, sobre todo la menta poleo (Mentha puliegium) en esas zonas para obtener el mismo efecto, o incluso salvia.
Pero recordar la idea clave para no perder el norte. Estos métodos no sustituyen al manejo agroecológico, ni corrigen el problema de fondo. Cuando las hormigas aparecen de forma masiva, casi siempre hay detrás exceso de pulgones o cochinillas, falta de diversidad vegetal, desequilibrios previos causados por tratamientos químicos. Por eso, cualquier intervención debería ir acompañada de regulación de la plaga asociada, aumento de plantas refugio y floración, mejora del equilibrio general del huerto.
Porque insisto: matar hormigas sin corregir la raíz del problema, sólo lo agrava. El problema es lo que nos están señalando su presencia masiva, un desequilibrio en el huerto que no hemos sabido detectar. Entender esto nos permite dejar de verlas como una molestia, y empezar a reconocerlas como verdaderas aliadas que son, mensajeras de que algo no estamos haciendo bien.
Sobre el autor
Antonio Bravo Rodríguez es graduado por la Escuela Superior de Ingeniería Agronómica de la Universidad de Sevilla y observador habitual de la fauna auxiliar asociada a los cultivos y a las complejas interrelaciones que se establecen entre ellos. Desde hace años documenta, fotografía y divulga las interrelaciones de insectos y otros artrópodos que conviven en el huerto con otras planta útiles, todas ellas esenciales para el equilibrio natural del agroecosistema y su resiliencia. Su trabajo se apoya en la observación directa en campo y en su macrofotografía, desarrollada principalmente en espacios rurales con manejo agroecológico, ámbito profesional en el que lleva trabajando más de 20 años, plasmando en su blog Fauna Auxiliar (con más de una década de trayectoria), fotos, fichas técnicas y otro documentos de interés que pone a disposición libre a cualquier interesado a través de la siguiente dirección web: https://faunaauxiliar.blogspot.com/. En este blog, Antonio Bravo pretende acercar la grandeza de lo pequeño poniendo en valor la biodiversidad más cercana a profesionales de la producción agroecológica, docentes y curiosos de una agricultura y ganadería más sostenible. Su mirada parte siempre de una premisa clara: observar antes de intervenir, entendiendo la regulación natural como paso previo y preferente, a cualquier forma de control biológico. En sus trabajos insiste en la importancia de convivir con pequeños reductos de plaga, condición necesaria para que la fauna auxiliar pueda completar todo su ciclo vital dentro del agroecosistema y mantenerse de forma estable en el tiempo.










