Como ya sabemos, tener un suelo sano y vivo es esencial para que el huerto esté en equilibrio natural y nos proporcione frutos sabrosos respetando los ciclos naturales del sistema planta-suelo. Es uno de los principios del proyecto ecológico Andalhuerto: mimar el suelo (no pisamos, no arrancamos, restituimos los nutrientes, cubrimos con acolchado…).

Si bien hemos ido publicando artículos sobre la fertilidad del suelo en general para comprender bien cómo funciona, hoy vamos a centrarnos en dos aliados fundamentales que actúan en el suelo en simbiosis con nuestros cultivos: las micorrizas y las Rhizobium. Veremos los beneficios de contar con ambos y cómo podemos fácilmente obtenerlos e inocularlos en huertos escolares y/o huertos urbanos, además de tener aplicación directa en algunas materias curriculares.

Empecemos por las Micorrizas

Son asociaciones simbióticas que se establecen entre los hongos presente en el suelo y las raíces de las plantas vasculares (mikes_hongo; rhiza_raíz). En dicha relación, ambos seres obtienen beneficio: por un lado, las raíces segregan azúcares, aminoácidos, ácidos grasos y otras sustancias orgánicas que benefician a los hongos; y por el otro, los hongos convierten los minerales del suelo y materias en descomposición en formas asimilables por las raíces de la planta. Además, mejoran la estructura del suelo gracias a los agregados que forman las hifas y filamentos de los hongos micorrícicos, mediante una proteína llamada glomalina.

Las micorrizas no suelen ser visibles, ya que se trata de asociaciones microscópicas entre hongos y las raíces de plantas. Sin embargo, hay algunos aspectos de esta simbiosis que sí pueden ser visibles.

1. Endomicorrizas (o micorrizas arbusculares): son las más comunes (presentes en más del 80 % de las plantas). En este caso, el hongo penetra dentro de las células de la raíz. No son visibles a primera vista, ya que están dentro del tejido radicular y solo se observan con microscopio (este puede ser un buen ejercicio de laboratorio para el alumnado).

2. Ectomicorrizas: forman una envoltura alrededor de las raíces y penetran entre las células (pero no dentro). Se encuentran en muchas especies de árboles (como pinos, abedules y eucaliptos). Pueden ser parcialmente visibles, ya que forman una especie de «vaina» o capa blanquecina, amarillenta o marrón alrededor de las raíces. Además, pueden producir setas (cuerpos fructíferos), que sí son fácilmente visibles.

Aunque existen productos comerciales, producir inóculo micorrícico en forma casera tiene ventajas, especialmente para docentes que promueven la educación ambiental o prácticas de huerta escolar: fomenta la autosuficiencia y prácticas agroecológicas, reduce costes, utiliza hongos locales ya adaptados a las condiciones del entorno, favorece la biodiversidad del suelo y el aprendizaje experiencial, etc.

Para ello seguiremos los siguientes pasos:

1- Buscar suelo fértil en áreas naturales no cultivadas (debajo de árboles o arbustos nativos).

2- Extraer tierra hasta unos 25 cm de profundidad, intentando incluir raíces finas. Si el suelo tiene piedras, se tamiza.

3- Para la multiplicación con “plantas trampa” se siembran dostipos de plantas trampa (ej. maíz y judías o cebolla y lentejas) en macetas grandes o zanjas con el suelo recolectado. Estas plantas facilitan la multiplicación de las micorrizas en sus raíces. Se riegan normalmente durante unos tres meses.

4- Para obtener el inóculo, 10 días antes de usarlo, se cortan las plantas trampa y se deja de regar. El hongo responde produciendo esporas. Luego se extrae el contenido (tierra y raíces), se cortan las raíces en trozos pequeños y se mezcla todo. Esa mezcla es el inóculo micorrícico.

5- Para aplicar las micorrizas en el huerto podemos esparcirlas en la tierra antes de sembrar o trasplantar, o también mezclarlas con substrato a la hora de hacer semilleros e incluso mezclando con el fertilizante que apliquemos (compost, humus de lombriz, etc.). Se recomienda no usar fertilizantes ni herbicidas químicos, ya que pueden destruir los hongos beneficiosos.

Las Rhizobium

Las bacterias del género Rhizobium (rhiza_raíz, bio_vida, o sea, raíz con vida), establecen una relación simbiótica con las raíces de las plantas, especialmente con las leguminosas (habas, guisantes, judías, altramuces, garbanzos, lentejas, arvejas, etc.), donde fijan el nitrógeno atmosférico y lo convierten en una forma utilizable por la planta. A cambio, la planta provee a las bacterias con azúcares y otros nutrientes. Este tipo de simbiosis se encuentra en más del 90 % de las plantas terrestres, tanto herbáceas como leñosas, incluyendo cultivos y árboles frutales.

Para obtener este género de bacterias para nuestro huerto, podemos cosecharlas de la propia naturaleza y cultivarlas, siguiendo unos sencillos pasos:

Recolección de nódulos:

Ir a un huerto local, bordes de campos o cultivos silvestres de leguminosas (tréboles, alfalfa, frijoles silvestres). Excavar con cuidado la raíz de la planta y cortar pequeños nódulos. Transportarlos en bolsa con un poco de tierra o papel húmedo.

Identificación de nódulos:

Observar la forma (esférica, ovalada) y color (los nódulos activos suelen ser rosados por la leghemoglobina). Registrar las diferencias según especie de planta y tamaño del nódulo.

Preparación del huerto escolar:

Plantar semillas de leguminosas en macetas o parcelas. Si el suelo es muy pobre, se puede mejorar ligeramente con compost, pero evitando fertilizantes nitrogenados para no inhibir la fijación biológica.

Inoculación experimental:

Triturar ligeramente los nódulos recolectados y mezclarlos con un poco de agua para hacer un “extracto de nódulos”. Aplicar este extracto cerca de las raíces de las plántulas del huerto escolar. Dejar un grupo control sin inocular para comparar.

Observación y registro:

Cada semana, observar crecimiento de plantas y aparición de nódulos en las nuevas raíces. Comparar el crecimiento entre plantas inoculadas y no inoculadas.

Como se puede comprobar, introducir micorrizas o Rhizobium, además de mejorar nuestro suelo, puede integrarse fácilmente en proyectos escolares de huerto, ciencias naturales o educación ambiental, promoviendo el contacto directo con procesos ecológicos reales.

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