Las ollas de riego son una ingeniosa opción para proporcionar agua a los cultivos, cuyo origen se remonta a miles de años. Según Bill Mollison, padre de la Permacultura, es el sistema de riego más eficiente que existe, ya que se evitan pérdidas de agua por evaporación, no se erosiona ni se compacta el suelo y, además, las plantas absorben el agua justa que necesitan. Se trata de un ingenio sencillo pero muy útil para ilustrar las tecnologías agrícolas ancestrales. Además, puede ser una actividad enriquecedora para el alumnado, ya que combina una labor previa de investigación con el desarrollo de habilidades manuales al modelar las piezas con barro.

Materiales y recursos

  • Arcilla para modelar
  • Horno para cocer barro

Descripción

La actividad consta de 2 partes:

PARTE 1. Investigamos sobre las ollas de riego

Al alumnado trabajará en grupos, cada uno de los cuales deberá reunir información sobre las ollas de riego: origen y antigüedad, características y beneficios, historia del riego en la agricultura, etc. Deberán elaborar murales en los que se plasme la información recogida y se ilustre con fotografías o dibujos, para colocar en las paredes del aula.

PARTE 2. Construimos nuestras propias ollas de riego

Si contamos con la posibilidad de cocer barro en nuestro instituto, podemos fabricar nuestras propias ollas de barro para instalar en el huerto, al pie de los árboles, u otros lugares similares. Solo necesitaremos arcilla, que puede adquirirse en bloques de 5 kg para reducir costes. Para su modelado, utilizaremos la técnica del “churrito” o “macarrón”. Se hace una bola pequeña de arcilla, se aplasta y se coloca sobre un pedazo de cartón, a modo de base. A continuación, se elaboran “churros” de barro de longitud variable y se van pegando a la base del recipiente. Es recomendable que los primeros sean más gruesos para proporcionar solidez. Los churros deben adherirse tanto por dentro como por fuera, presionando con los dedos. A continuación, se repite el proceso utilizando churros algo más finos. Es importante ensanchar progresivamente el diámetro de la olla a medida que se asciende, y una vez alcanzada la mitad (aproximadamente 20 cm), estrechar nuevamente, dando así la forma característica de la olla.

En caso de disponer de torno de alfarero, el trabajo es mucho más fino y preciso, pero no es necesario hacer ollas perfectas, sino que cumplan bien su función.

Podemos hacer ollas de distinta capacidad y tamaño, para poder abastecer de humedad a cultivos según distintos marcos de plantación. Se remata la boca de la olla con un churro grueso y, utilizando un poco de agua, se repasan y alisan las paredes. Se puede fabricar una tapadera que encaje adecuadamente o, alternativamente, cubrir la olla con un trozo de madera o corcho. Posteriormente, la introducimos en el horno para cocerlo a alta temperatura, para que de este modo mantenga su porosidad y, por tanto, su capacidad para ceder agua al suelo.

Una vez cocidas, las ollas se entierran en el huerto. Para ello, se realizan hoyos cuya profundidad sea similar a la altura de cada olla. Se recomienda instalarlas antes del trasplante de los cultivos de verano, ya que hacerlo con cultivos ya desarrollados puede dañar las raíces.

Colocaremos la olla en el fondo del hoyo de manera que no queden huecos de aire entre el suelo y la cerámica, dejando únicamente la boca de la olla a la vista en superficie. Llenaremos de agua y colocaremos la tapadera para evitar que se evapore el agua y entren insectos o se desarrollen algas.

Debemos revisar periódicamente las ollas para rellenar con agua y que, de este modo, la humedad en el suelo sea constante.