El cultivo de germinados es una opción recomendable para aquellos casos en los que no se dispone de suficientes horas de luz solar en el huerto. Además, constituye un excelente aporte de vitaminas y minerales en nuestra dieta, en muchos casos superiores a las mismas plantas una vez crecidas. Su rápido crecimiento nos permite disponer de vegetales rápidamente, en espacios muy reducidos y en cualquier época del año.

El objetivo de la presente actividad es aprender a cultivar germinados mediante un modelo muy sencillo y económico (con materiales reutilizados), que permita obtener producciones constantes. Esto permitirá trabajar materias relacionadas con las ciencias como las matemáticas, la biología, la geología, etc.

Materiales y recursos

  • Tarros de vidrio grandes (de 500-750 ml de capacidad)
  • Gasa estéril
  • Tijeras
  • Gomillas
  • Semillas de las que queramos obtener sus germinados, a ser posible ecológicas no híbridas o de variedades locales (lentejas, judías, lechugas, coles, alfalfa, trigo, girasol, rábano, lino, calabaza, etc.).

Descripción

En primer lugar lavaremos bien los tarros, quitando también si queremos las etiquetas pegadas (basta con sumergirlos unas horas en agua caliente y se desprenderán perfectamente).

Semillas de rabanitos


Es importante utilizar semillas a ser posible ecológicas o de variedades locales, sin tratamientos químicos (reconocibles por los característicos colores rosados o azulados), no híbridas, y que mantengan su capacidad germinativa, para lo cual no deben tener más de 1 o 2 años desde su cosecha.

Las familias de plantas que se usan con más frecuencia son las legumbres y los cereales.

También son muy apreciadas las crucíferas (coles, berros, coliflores, rábanos o rúcula).

No es recomendable el consumo de brotes de solanáceas (tomates, pimientos, berenjenas) o de rosáceas (ciruelas, almendras, melocotones, etc.) por el contenido de sustancias que pueden resultar tóxicas para el ser humano.

A continuación introduciremos las semillas que deseemos germinar. No se debe llenar en exceso el tarro con semillas puesto que estas aumentarán notablemente su volumen al hidratarse y germinar (dependiendo de la variedad que elijamos). Lo aconsejable es llenar 1/5 del tarro con semillas, y llenar con agua fría hasta 4/5 partes del volumen total.

Taparemos la boca del tarro colocando un trozo de gasa estéril, de manera que quede tenso con ayuda de una gomilla que colocaremos en el borde externo, dando varias vueltas si es preciso.

Dejaremos en remojo las semillas para que se hidraten entre 5-12 horas dependiendo de la variedad. Deben estar en un lugar cálido y pasado ese tiempo, se debe escurrir el agua, colocando el bote boca abajo con un ángulo de 45 grados. Puede colocarse en un escurridor de platos o simplemente apoyando el tarro sobre una tapadera en el borde, con un plato debajo para recoger las últimas gotas.

Una vez escurrida toda el agua, dejamos el tarro en un lugar oscuro y fresco. Debemos lavar las semillas dos o tres veces al día con agua fresca, y dejando escurrir boca abajo nuevamente, hasta que comencemos a observar la germinación. Dependiendo de la variedad, tardarán entre 4-8 días en germinar, momento en el cual ya podemos consumir los brotes. Es recomendable consumir los brotes antes de que empiecen a hacer la fotosíntesis y a concentrarse en clorofila (que les brindará una coloración verde), ya que comenzarán a ponerse más fibrosos y su sabor no será tan delicioso.

Germinado de lentejas

Se pueden separar las cáscaras de las semillas sumergiendo los brotes en agua y desechando los restos que flotarán en superficie. Podemos guardar los germinados en la nevera en un recipiente bien cerrado durante varios días en perfectas condiciones.

Los germinados se pueden consumir crudos, adornando ensaladas o aliños, y también se pueden cocinar en sopas, guisos o cremas.