Nivel educativo recomendado: SECUNDARIA
La deshidratación, también conocida como secado o desecado, es un método tradicional de conservación de alimentos que se ha utilizado desde hace siglos, especialmente cuando no existían medios modernos. Consiste en eliminar casi toda el agua de los alimentos, lo que impide el desarrollo de microorganismos y reduce la actividad enzimática, permitiendo que se conserven en buen estado durante largos periodos de tiempo. Uno de sus principales beneficios es que permite aprovechar excedentes de frutas, hortalizas y verduras y consumirlos incluso fuera de su temporada de cultivo.
El gran número de horas de sol del que gozamos en Andalucía nos permite deshidratar alimentos en cualquier época del año, si bien es en verano cuando se suele llevar a cabo esta técnica milenaria de conservación de alimentos.
Materiales y recursos
- Cajón de madera reutilizado
- Cristal o film transparente de cocina
- Papel de estraza o papel secante
- Verduras u hortalizas (calabacines, berenjenas, tomates, cebollas, zanahorias, nabos, remolachas, apio, rúcula, perejil, coles, setas, etc.)
- Cuchillo y tabla
- Taladro con broca de madera de 10 mm de diámetro
- Toma de luz
Descripción
Se trata de construir un sencillo secadero de pequeñas dimensiones para deshidratar frutas, verduras u hongos de manera rápida y sin el uso de electrodomésticos modernos. Para ello seguiremos los siguientes pasos:
- Preparamos el cajón de madera realizando algunos orificios en las paredes con el taladro, a ser posible en el borde superior de cada lateral, para permitir la ventilación del interior del cajón y la disipación de la humedad de los vegetales.
- Colocamos en el fondo una lámina de papel secante o papel de estraza, que nos ayudará a absorber el exceso de humedad de los vegetales que coloquemos encima.
- Troceamos las hortalizas o verduras en rodajas finas con ayuda de un cuchillo afilado. A mayor grosor de las rodajas, mayor será el tiempo necesario de deshidratación. Por lo general, las verduras con mayor contenido en agua se trocean en rodajas más finas y aquellas con menor contenido en agua se trocean en rodajas más gruesas. En el caso de verduras, bastará con colocar las hojas directamente sin apenas cortar, ya que secarán rápidamente.
- Cerramos el cajón colocando sobre este un cristal cuyas dimensiones coincidan o sobresalgan un poco por fuera. Puede reutilizarse una ventana vieja que apoye correctamente sobre el cajón. También puede forrarse con film transparente de cocina, cuidando de perforarlo en caso de que tape los agujeros realizados previamente sobre los laterales.

Colocaremos al sol el secadero, orientado hacia el sur para captar la mayor cantidad posible de radiación solar, siendo recomendable poner algún objeto debajo para darle cierta inclinación. El cristal o el plástico fomentará un “efecto invernadero” que ayudará a que el interior del cajón se caliente, permitiendo la rápida disipación del agua contenida en los vegetales. Es recomendable resguardar el secadero en alguna habitación interior para evitar que la humedad nocturna vuelva a rehidratar los vegetales. Sin embargo, no es esencial ya que en apenas 48 horas estarán bien secos para, a continuación, envasarlos en tarros herméticos de vidrio. Es importante indicar la fecha de secado para ir consumiendo los botes más antiguos.
Complementariamente a esta actividad, podemos investigar acerca de otros secaderos más complejos, en los cuales se deshidratan los alimentos con aire caliente y en condiciones de oscuridad, o bien las cocinas solares, que permiten cocinar alimentos mediante la convergencia de los rayos solares. Ambos son sistemas económicos y ecológicos que permiten transformar y cocinar y que han cobrado gran relevancia en los últimos años.
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