Nivel educativo recomendado: SECUNDARIA


Tener un vivero o miniinvernadero propio nos ayuda a ser más autosuficientes, al mismo tiempo que nos permite cultivar variedades locales a partir de nuestras semillas, imposibles de obtener en establecimientos comerciales. El objetivo de la actividad es construir un espacio que nos permita sembrar en semilleros protegidos de las inclemencias meteorológicas y los ataques de los pájaros o los parásitos, como caracoles y babosas, hormigas… Un espacio donde podamos mantener el calor en las noches de invierno y forzar el crecimiento de las variedades de primavera y verano.

Asimismo, se pretende fomentar entre el alumnado el valor de la autosuficiencia en cuanto a plantas se refiere, permitiendo el cultivo de variedades locales y especies difíciles de encontrar en viveros así como la práctica del viverismo ecológico a pequeña escala.

  • Plástico de invernadero
  • Ventanas reutilizadas
  • Neumáticos
  • Botellas de plástico

Descripción


Lo primero es la búsqueda de información, que deberá realizarse por el propio alumnado, dividiendo en subgrupos o bien de manera individual, para recabar todo lo posible acerca de una serie de productos que solemos encontrar en los viveros y tiendas especializadas de agricultura y jardinería. Es interesante plantear un análisis exhaustivo, haciendo hincapié en aspectos como el origen de los materiales, la huella ecológica/energética/ CO2 de cada uno, el poder fertilizante o las propiedades fisicoquímicas de estos.

A continuación se ofrecen diferentes alternativas para construir pequeños viveros, con materiales reutilizados:

  • Almácigo en tierra
  • Miniviveros con garrafas y otros
  • Cajonera de pallets con puerta o ventana
  • Microtúnel con arquillos reutilizados
  • Estructura forrada con plástico
  • Invernadero con botellas reutilizadas de PET
  • Neumático con paraguas transparente reutilizado
  • Cama caliente

Una vez elegida la propuesta más interesante, se dividirá al alumnado en grupos para realizar cada una de las tareas:

  • Búsqueda de información (vídeos, manuales de construcción, páginas Web especializadas, etc.)
  • Diseño de la estructura (sobre el papel o con alguna aplicación informática)
  • Listado de materiales necesarios y herramientas a utilizar
  • Construcción de la estructura y colocación del aislante (plástico, policarbonato, botellas, cristal, etc.) Diseño del sistema de riego
  • Instalación del sistema de riego

Se pueden hacer uno o varios modelos, incorporando nuevas ideas o mejoras cuando sea posible. Es importante dimensionar el vivero de acuerdo con las necesidades reales de nuestro huerto, no se trata de sembrar muchísimas plantas si después no vamos a poder trasplantarlas y las vamos a desperdiciar.

Además de proporcionar calor a los semilleros (gracias a materiales como el plástico o el cristal), no debe faltar el agua. En un entorno de semillas germinando y pequeñas plántulas, debe asegurarse la humedad, instalando un sistema de riego automatizado mediante un programador. Pueden usarse sistemas de riego por nebulización (en cuyo caso es recomendable regar por la noche), o bien microtubos que llenen bandejas sobre las cuales disponer los semilleros.

En función de las temperaturas del exterior, es importante regular la frecuencia y duración de los riegos, para no saturar en exceso el substrato y producir pudriciones de las semillas o asfixia de las raíces de las plántulas. Se debe revisar diariamente el vivero y observar el grado de humedad del substrato, la germinación de las semillas, la presencia de plagas o enfermedades, alguna rotura o atasco del sistema de riego, etc.

Además, es recomendable instalar un termómetro que registre las temperaturas mínimas y máximas alcanzadas en el interior de este. Pueden instalarse igualmente sensores de temperatura y humedad ambiental que recojan datos para poder procesar mediante Arduino y así elaborar gráficas o bien analizar procesos como la germinación y desarrollo de los cultivos en función de la temperaturas mínimas nocturnas.

En zonas frías, donde son frecuentes las heladas nocturnas, debemos proteger al máximo los semilleros. Una primera opción “de emergencia” sería meter los semilleros bajo techo en el centro educativo, buscando un lugar iluminado y con buena temperatura.

La otra sería calefactar artificialmente los semilleros. Pueden usarse resistencias eléctricas de distintos tipos, que se entierran en bandejas llenas de arena, sobre las cuales se disponen los semilleros para que emitan calor por la noche, evitando la congelación nocturna. A través de un programador conectado a un enchufe, podemos configurar el encendido durante la noche, para que se apague por la mañana, cuando las temperaturas en el interior del vivero sean cálidas (entre 18 y 20 ºC).

Una opción tradicional es la de la “cama caliente”, un método ancestral que aprovecha el calor desprendido durante la fermentación de los estiércoles frescos, para calentar semilleros en suelo o contenedores.

Por el contrario, durante las épocas más calurosas —al inicio y al final del curso—, pueden alcanzarse temperaturas excesivamente altas en el interior del vivero. Para evitarlo, es necesario asegurar una ventilación adecuada durante el día, abriendo el plástico o las ventanas para permitir la salida del aire caliente y cerrándolas al atardecer para conservar el calor acumulado durante la noche.

Otra opción es colocar una tela o malla de sombreo que atenúe la intensidad del sol, cuya sombra no provoque el “ahilamiento” de las plántulas, que retiraremos cuando los días se empiecen a acortar y las temperaturas máximas desciendan.