Nivel educativo recomendado: SECUNDARIA


El cultivo de brotes de hortalizas es una práctica muy extendida en entornos urbanos, donde es difícil disponer de tierra para cultivar ya que nos permite disponer rápidamente de abundantes verduras frescas en poco espacio.

La presente actividad propone la construcción de recipientes para el cultivo de brotes, utilizando para ello recipientes u objetos reutilizados. El objetivo es que el propio alumnado pueda ponerlo en marcha en su casa, incrementando el consumo de verduras en el hogar, de una manera sencilla y práctica.

  • Recipientes reutilizados (bandejas de plástico o de corcho, tetrabriks, garrafas de plástico, etc.)
  • Substrato universal
  • Fibra de coco
  • Humus de lombriz
  • Semillas de hortalizas
  • Tijeras o cúter
  • Pulverizador

Descripción

Lo primero que haremos será buscar recipientes adecuados para el cultivo. Es interesante usar aquellos que tengan una buena superficie. No es necesario que sean profundos, ya que las plantas no alcanzarán gran tamaño y por tanto no necesitarán mucho espacio para expandir sus raíces (con apenas cuatro o cinco centímetros será suficiente). Las bandejas de plástico o de corcho usadas para envasar alimentos como carne o verduras son interesantes. También podemos usar tetrabriks o garrafas de plástico, disponiéndolos en posición horizontal y cortando la cara superior con ayuda de unas tijeras o un cúter.

El cultivo de brotes es una estrategia muy práctica para obtener verdura rápidamente en espacios reducidos, sin suelo ni apenas substrato


Una vez tengamos preparados los recipientes, los rellenaremos con substrato universal o una mezcla de fibra de coco (75 %) y humus de lombriz (25 %), sin llegar a llenar del todo. A continuación, sembraremos las semillas de las hortalizas que hayamos elegido.

Las más recomendables son las hortalizas de hoja (lechuga, acelga, escarola, rúcula, espinaca, endibia, col, col lombarda, canónigo, cebolla, puerro, etc.), aunque también pueden consumirse los brotes de algunas hortalizas de raíz (rábano, nabo, remolacha, etc.). Debemos tener cuidado a la hora de esparcir las semillas sobre el substrato para no hacerlo con una densidad excesiva, que puede producir el estrés y el ahilamiento de las plantas. Es recomendable sembrarlas “a voleo”, dejando caer pocas semillas de manera uniforme por toda la superficie del substrato, e insistiendo en zonas con poca densidad.

Una vez dispuestas las semillas, las cubriremos con una fina capa de substrato y procederemos a regar con un pulverizador o bien una regadera hecha a partir de una botella de plástico pequeña con finos agujeros en el tapón. Siempre debemos regar con mucha delicadeza, sobre todo los primeros días para no remover el substrato y dejar las semillas expuestas al aire.

Colocaremos los recipientes en un lugar soleado (también se puede usar iluminación artificial) y vigilaremos que no les falte la humedad, para lo cual probablemente haya que regar dos o tres veces al día. Cuando los brotes alcancen los 10 centímetros de altura, procederemos a cortarlos de manera homogénea con unas tijeras largas, y ya podremos disfrutar de ellos en nuestras ensaladas. Otra opción es cortar las hojas un poco más arriba (por encima de las yemas) para provocar el rebrote de las plantas. En función de la variedad podremos hacer 2 o 3 cortes, antes de que las plantas se estresen y cambien su sabor y textura.