Nivel educativo recomendado: SECUNDARIA


El objetivo de la siguiente actividad es aprender a extraer correctamente las semillas de los frutos de tomate. De la correcta limpieza de estas, dependerá la capacidad de conservación y se evitará el desarrollo y propagación de ciertas enfermedades debidas a hongos, bacterias o virus.

  • Varios tomates de nuestras “plantas madre”
  • Algunos tarros anchos de vidrio
  • Una gasa y varias gomillas
  • Un cuchillo
  • Un colador
  • Un plato
  • Varias etiquetas y un bolígrafo
  • Una tiza

Descripción


Para extraer las semillas de un tomate, primero debemos asegurarnos de que esté completamente maduro, mediante la observación del color y el tacto. Es recomendable haber guardado al menos tres tomates de cada variedad a la cual deseemos extraer sus semillas. En caso de haber cultivado varios tipos de tomates en nuestro huerto, es importante que hayan estado separados al menos diez metros, para evitar cruzamientos indeseados.

Al cultivar varios tipos de tomates, debemos tomar precauciones para evitar su cruzamiento si queremos extraer sus semillas
Debemos extraer suficiente cantidad de jugo usando varios tomates

Con el cuchillo, practicaremos una cruz en la base del tomate y apretaremos con ambas manos lentamente a medida que van saliendo las semillas con el propio jugo, que recogeremos en un tarro de vidrio ancho.

Debemos llenar el tarro de vidrio con jugo de tomate y semillas hasta una altura de al menos un par de centímetros. A continuación, colocaremos un trozo de gasa en la boca del tarro y lo fijaremos rodeándolo con una gomilla para que no se suelte. De este modo evitaremos que las moscas y otros insectos puedan meterse en el tarro.

Dejaremos el tarro en un lugar sombreado y esperaremos unos días hasta que se forme una película de mohos blanquecinos en la superficie del contenido del tarro. Pasados entre tres y cinco días, las bacterias y hongos habrán fermentado y descompuesto la envuelta gelatinosa de las semillas de tomate, de manera que será el momento de limpiarlas bien. Verteremos el contenido del tarro en un colador grande y fino y bajo el grifo iremos frotando las semillas contra el colador, dejándolas totalmente libres de los restos del fruto.

Verteremos las semillas, a través del colador sobre un plato, las extenderemos y las dejaremos secar en un lugar sombreado, fresco y ventilado. Pasados un par de días, las podremos despegar del plato con los dedos e introducirlas en un tarro de vidrio con una etiqueta anotando el nombre de la variedad, el año de cultivo, el número de frutos, etc. Es conveniente introducir una tiza u otro material desecante para mantener la humedad lo más baja que sea posible dentro del tarro.

Para más información, puedes consultar el siguiente artículo de Andalhuerto sobre La Extracción y conservación de semillas de tomate.