Nivel educativo recomendado: SECUNDARIA

En el huerto ecológico, el control de los parásitos de los cultivos se basa principalmente en el fomento de la biodiversidad, lo cual se puede realizar mediante asociaciones de cultivos, plantas insectarias o instalación de refugios para fauna auxiliar, así como en la aplicación de determinados tratamientos repelentes y preventivos.

Sin embargo, en épocas de mucha humedad, algunas especies de gasterópodos, como caracoles y babosas, pueden llegar a ser muy dañinos. Son animales de hábitos nocturnos, que devoran rápidamente los tejidos vegetales, pudiendo dañar las yemas de los brotes jóvenes y arruinar el desarrollo de la planta.

Los caracoles aparecen en el huerto cuando hay humedad

El objetivo de la siguiente actividad es mostrar al alumnado una serie de técnicas sencillas e ingeniosas para repeler y capturar babosas y caracoles, protegiendo de este modo los cultivos de otoño e invierno en sus fases iniciales. Se trata de métodos “físicos”, de modo que el animal no tiene que ingerir o impregnarse en tratamiento alguno, al contrario de los métodos “químicos”.

Para ello se utilizarán materiales reutilizados y fáciles de conseguir como cáscaras de huevo, ceniza de leña, envases reutilizados, hojas de árboles, o incluso… ¡ cerveza!

  • Cáscaras de huevo
  • Ceniza de leña
  • Hojas de pinos u hojas de helecho
  • Cúter o tijeras
  • Mortero y maza
  • Tarro de vidrio
  • Plato pequeño
  • Tejas, ladrillos o rasillones

Descripción

se trata de rodear las plantas cuando son jóvenes con polvo de cáscaras de huevo trituradas, de modo que al pasar el caracol o la babosa por encima, los finos trozos de cáscara se adhieren a su vientre, actuando como pequeños cristales que molestan al gasterópodo incluso lo inmovilizan.

Antes de triturarlas para su uso en el huerto, debemos secar bien las cáscaras de huevo. Esto lo podemos hacer dejándolas completamente al sol o en un horno con aire caliente (50 ºC) durante 20 minutos.

A continuación, se deben moler con maza y mortero, tratando de reducirlas a trozos muy pequeños. Guardaremos las cáscaras en un tarro de vidrio, y las espolvorearemos con ayuda de una cucharilla o con los dedos haciendo un círculo bajo las plantas

La ceniza de leña es un excelente material con múltiples usos en el huerto, que también puede utilizarse para controlar ciertos parásitos de piel fina (pulgones, mosca blanca, cochinilla, etc.), además de los gasterópodos. El fino polvo de ceniza se pega en el vientre de estos últimos, dificultando su desplazamiento y provocando la desecación de sus tejidos.

Sin embargo, debemos utilizar ceniza “vieja”, que haya estado en contacto con la atmósfera al menos durante un año, para que disminuya su poder alcalino (menor concentración de hidróxidos y mayor concentración de carbonatos). Para ello basta con dejar la ceniza tamizada en un recipiente como un cubo, pero resguardado de las lluvias y de la intemperie.

Se trata de distribuir las cenizas alrededor de las plantas, aplicándolas en abundancia en la base de cada ejemplar. El problema de este método es que pierde efectividad en dos o tres días, al humedecerse la ceniza con las lluvias o la humedad nocturna.

Existen ciertas texturas sobre las cuales los caracoles y las babosas no se desplazan con facilidad. En concreto, el acolchado con hojas de helecho y con acículas de pino suele incomodar bastante a estos animales, que prefieren alejarse de dichos materiales.

Bastará con reunir una buena cantidad de hojas de helecho seco o de acículas de pino (en algún parque o bosque) para acolchar abundantemente la base de nuestros cultivos. Es importante que el espesor de la capa sea de entre 10 y 15 centímetros.

Los caracoles y las babosas adoran la cerveza, que se utiliza desde hace muchísimo tiempo como un excelente atrayente para construir trampas y atraparlos. Hay diversos diseños para construirlas, lo importante es que cumplan 3 requisitos:

  • El recipiente que utilicemos debe enterrarse al mismo nivel que el suelo.
  • Las paredes del recipiente deben ser lisas y no permitir que vuelvan a salir.
  • Debemos cubrir la trampa para evitar que se evapore rápidamente la cerveza.

Podemos enterrar un tarro de vidrio de unos 500 mililitros de capacidad en el suelo, llenar un tercio del mismo con cerveza (mejor si es cerveza negra), y cubrir con un pequeño plato o cuenco, colocando unas piedras para evitar que cierre completamente la entrada a los caracoles y babosas.

Deberemos revisar diariamente las trampas en busca de capturas, vaciando el contenido de la trampa una vez a la semana en la compostera, o lombricompostera, donde los restos se descompondrán en poco tiempo.

Los gasterópodos son animales de hábitos nocturnos que suelen refugiarse durante el día en lugares oscuros, frescos y húmedos. De hecho, la manera más eficaz de controlarlos es capturarlos de noche, cuando suelen desplazarse sobre los cultivos.

Les encanta refugiarse en el pasto, por ello es natural que observemos muchos en huertos con cubiertas vegetales próximas, y sobre todo en épocas lluviosas. Una idea ingeniosa es establecer refugios en el propio huerto, donde puedan esconderse al salir el sol y poder capturarlos sin necesidad de ir a buscarlos.

Podemos utilizar materiales como tejas, ladrillos o rasillones cerámicos, previamente humedecidos, que colocaremos en los pasillos entre bancales, o cerca de las cubiertas vegetales existentes. Al día siguiente, daremos la vuelta a las tejas, miraremos en el interior y con un palo los sacaremos.

Y además…

El consumo de caracoles está muy extendido en Andalucía, donde es uno de los platos estrella de la gastronomía tradicional. Constituye un alimento con elevado contenido en proteínas de alta calidad, siempre y cuando se hayan recolectado en zonas sin tratamientos químicos. Por ello, consumir los caracoles de nuestro huerto es un auténtico privilegio y un ejemplo más del aprovechamiento de los recursos que la huerta nos ofrece.