La salud de nuestro huerto puede verse alterada sobre todo por la presencia de plagas y enfermedades. En general se habla de plaga, cuando un conjunto de insectos u otros animales de la misma especie devoran un cultivo produciendo pérdidas económicas por encima de un determinado umbral. Si este problema es causado por microorganismos (hongos, bacterias y virus), por culpa de la meteorología, o por un mal manejo del cultivo, entonces hablamos de enfermedad.

Igual que las personas debemos realizar una dieta y unos hábitos saludables para mantenernos sanos, en nuestro huerto debemos realizar buenas prácticas para evitar posibles daños en nuestros cultivos y muchos trabajos extras.

Es propio de las personas hortelanas que empiezan a cultivar, preguntarse qué productos son los más adecuados para mantener a raya las plagas y enfermedades que pueden afectar a la horticultura ecológica. Frente a la visión de mero control mediante la aplicación de sustancias químicas, que debe ser siempre la última alternativa, existe una batería de medidas de manejo encaminadas a, precisamente, evitar la aparición de estos seres incómodos que pueden dar al traste con la cosecha.

Una de las acciones fundamentales es llevar a cabo el abonado con materias orgánicas de calidad (estiércol, compost, humus de lombriz, abono verde, etc.), ya que estas incrementan la fertilidad del suelo, aportando así una nutrición equilibrada para el crecimiento de plantas sanas. Incrementar la diversidad, tanto de cultivos (rotaciones y asociaciones de cultivo), como de las plantas acompañantes (setos y hierbas espontáneas, estas últimas mal consideradas malas hierbas), que fomentan la presencia de insectos auxiliares, así como la fauna y flora del suelo a través del abonado orgánico, aumenta las interacciones y competencia entre seres vivos, reduciendo el riesgos de que una plaga prospere y se coloque en una posición aventajada.

Como tercera medida es recomendable el uso de variedades tradicionales de cultivo que, a diferencia de las modernas, cuentan con una alta variabilidad genética que les da la capacidad de adaptarse y resistir a la aparición de plagas y enfermedades.

Adicionalmente, se pueden usar algunas estrategias que no implican la aplicación de productos, como la eliminación manual de insectos y hojas o frutos enfermos, el uso de mallas antipájaros o insectos, las siembras y trasplantes en al fecha adecuada o el uso de trampas con atrayentes alimenticios o feromonas, entre otros.

Si aún así los problemas persisten, pensaremos en utilizar algún tipo de sustancia autorizada en agricultura ecológica, pero siempre con criterio, aplicándolo de forma muy localizada sobre el problema y pensando en que tenga el menor impacto sobre los insectos auxiliares. Hay que pensar que hay sustancias de amplio espectro o muy especificas, como por ejemplo el ‘Bacillus thuringiensis’, específico para larvas de mariposa.

Para proteger a las plantas de nuestro huerto podemos extraer de otras plantas que crezcan de forma abundante en nuestro huerto, como son la ortiga y cola de caballo, sustancias con propiedades insecticidas o repelentes de insectos o microorganismos causantes de plagas y enfermedades, estos son los preparados naturales.

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